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domingo, 23 de agosto de 2020

Crónicas

 

Amores distintos

Pueden pensar que mi amor por la comida es extraño, pero alguien que no ha triunfado en el amor con otras personas, enamorarse por la comida era algo inevitable para mí. Eran las 7 de la noche y me preparaba para mi cita, usé una camisa que estaba reservando para una ocasión especial y unos jeans, a pesar de que no me vestía de la manera más elegante para los demás, para mí era lo correcto y me sentía cómodo. Estaba nervioso, ansioso, tenía la garganta seca, el estómago hecho un nudo, obviamente por el hambre, después de tanto tiempo, volvería a sentir todo lo que me provocaba, aquel restaurante, es una lástima que no recuerde su nombre.

Caminé unas cuadras desde mi casa, hacia algo de frío, debí haber traído, un bléiser o una chaqueta, no importaba. Llegué a la avenida, tomé un taxi, le di las indicaciones y mientras el conductor manejaba por su ruta, me recosté en la ventana… veía a la gente caminar, y como algunos comían en la calle y otros ingresaban a los restaurantes, esbozaba una sonrisa, mientras imaginaba el olor, la sensación, el sabor de lo que me esperaba a mí.

Después de unos 10 minutos llegué a la puerta del restaurante, pagué al taxista, y en la puerta me esperaba un mozo, me acomodó en una mesa y me entregó la carta del restaurante, rápidamente busqué la sección de carnes, y ahí estaba… el plato y la razón de mi cita, el especial de parrillas. Parrilla de Chuleta de Cordero, Chuleta de Cerdo, Pollo a la Parrilla, acompañado de dos chorizos, más la guarnición de papas y ensalada de betarraga, era todo lo que pedía.

El mozo trajo mi comida: olí, era perfecto, observé como la grasa jugaba en la carne dándome a entender que lo habían sacado hace poco de la parrilla, estuve en trance por varios minutos, reaccioné, cogí tenedor y cuchillo y empecé a comer, era uno con la comida, cada bocado era una sensación placentera, jadeaba por lo caliente que estaba, todo esto pasó en cuestión de unos 15 minutos pero para mí fue más que horas, el tiempo no importaba, no pensaba en eso, lo único que podía razonar era lo bueno que estaba la carne.

 

viernes, 21 de agosto de 2020

COMO UNA NIÑA

 

Como una niña.

Tiene la arrogancia del sol,

mirada cándida.

De niño grande, de hombre niño,

Capaz de amar con delirio.

(Jeanette - Corazón de poeta) 


Siempre estuvo ahí, al parecer dispuesto a escucharme, con sus ojos complacientes, con su mirada tenue, y puede que con los brazos abiertos.

Recuerdo que le preguntaba su vida personal, su hija, su pequeña familia, jamás le pregunté sobre su esposa, solo sabía que era menor que él, traté de no ser imprudente a pesar que ingenuamente me daba curiosidad el recorrido de su vida; al principio lo miraba como un padre, al hacerle conversación él me daba sus consejos de vida, yo atenta sonreía, me sentía cómoda debo decirlo. Le decía que me llevara a mi casa, hacíamos ruta; él con casco en mano, yo con una sonrisa tan grande como el cariño que iba creciendo. Momentos santamente serenos.

Pero inocentemente, regresando de 3 meses de cuarentena, confundí esos momentos, ahora lo miraba con otros ojos, ahora buscaba sus ojos, esperando una muestra de afecto más allá de una amistad, ya que el protocolo es estar a 1 metro, me conformaba con su presencia y era suficiente para mis días. 

Aprovechaba cada oportunidad a través de tontas escusas, intentaba sacarle una sonrisa, una mirada suya puesta en la mía, unos ojos brillantes chocando intencionalmente con los ojos de una niña que solo anhelaba su atención.

Me dice que tiene 18 a 20 como máximo años de edad, sabe que yo sé que no es verdad y reímos. Me dice hazme la pizza con amor y me dibuja un corazón en su celular e inmediatamente dejo los pedidos e hice su pizza con amor:  bordes perfectos, ingredientes perfectamente distribuidos. Me dice ¿te vas a ir?, me comporto indiferente, pero mi último día le digo que lo extrañaré, me dice que me llamará, me rio, ya que en efecto no me llamó. Ni un abrazo, ni un contacto físico. Una última despedida invitó a unas cuantas lágrimas. Y le dije adiós.

LA SIDERAL DESCONEXIÓN


CRÓNICAS DE CONFINAMIENTO


LA SIDERAL DESCONEXIÓN
(DE AMOR)

Nos volvimos a encontrar un primero de enero.  No sé si fue el destino o la casualidad. Esas fechas obligan a recontar el pasado... y apareció ella. Un recuerdo postergado hasta aquel momento. Después, se me hicieron borrosos los meses subsecuentes a la despedida. ¿Qué había hecho medio año? Como una saeta ella volvió a mí.

Uno quiere cerrar ciclos. Siente la necesidad. Pero ¿cuál era móvil de aquel sentimiento?... Una semana pensando en ella y una noche solitaria de año nuevo refrescaron su recuerdo. Y no me dejó en paz durante todo el día. Así, la primera tarde de enero decidí perderme en las calles, escapar de mi mente. Música en mis oídos y cigarro en la mano. Caminé sin rumbo fijo. Calles, autos, semáforos, perros. Una tarde normal.

Pero anocheció, eran las 7 pm. Esa hora la recuerdo muy bien, como si la vida se hubiera detenido. El lugar también. Cementerio la Apacheta. Había decidido descansar en el paradero de buses y refrescar la boca con un caramelo, de los que nunca faltan en el bolsillo. De pronto una pregunta se empezó a filtrar por entre mis auriculares. “¿Jesús?... ¿Jesús?”. Apareció de repente frente a mí.  Mirian había aparecido nuevamente en mi vida. ¿O fui yo en su búsqueda?

Un fuerte y desprevenido abrazo invadió mi espacio personal. Ahí estaba yo, sin saber que decir o hacer, impávido. Haciéndome el valiente. Disimulando ese temblor que empezó una semana atrás. Conversamos amenamente; propio de un encuentro fugaz.

Pero el pasado siempre esta atrás. Y uno no puede vivir con la mirada sobre el hombro. Intercambiamos números telefónicos. Pasamos una semana en silencio... De repente, cada palabra tenía que estar justificada, y cada verso imaginado terminaba en silencio. Una semana después, me llamó.

Pero no hablamos como antes. Aquellas diferencias que antes nos permitieron ser libres, ahora nos impedía atarnos a una relación. Pero no quisimos aceptarlo. Y nos hicimos daño. Dos meses después, volvimos a decirnos adiós. Dos meses después, el teléfono volvió a sonar. Una semana después pactada una cita. Una nueva oportunidad que ambos boicoteamos. Pasaron los días, las semanas, meses. El teléfono no volvería a sonar.

Jesús D. Fernández R.

Cachimmbos

 

CACHIMBOS

La intranquilidad en mi mente no me dejaba dormir, me despertó al día siguiente de esa despedida a las 3 de la madrugada, y es que no podía dejar de pensar en que significó para él aquel beso, pensé que cómo para muchos jóvenes ahora, podría haber sido solo un juego. Pero el tiempo me demostró que no, que mis sentimientos eran correspondidos por tan guapo joven de mirada tierna como la de un niño.

El inicio de clases universitarias como cachimbos trajo consigo distintos amigos, inteligentes y divertidos, personas que escasamente pude encontrar entre los 11 años de estudios en varias escuelas públicas. Tal vez también hubo estrés y discrepancias que ya olvidé, porque lo único que veo en esos 2 primeros años de universidad, son si no, recuerdos de varios profesores admirables cada uno a su manera que motivaron nuestros ánimos de estudiantes de algún día ser la mitad de lo que son ellos, y varios trabajos de invaluable esfuerzo para que la profesora Karina sentencie sobre estos una opinión desaprobatoria, pero nos regale una nota aceptable.

Entre esos recuerdos, también está la formación de ese grupo de amigos con los que compartiríamos trabajos, opiniones, fiestas, que hasta hoy conservo y entre los cuales estaría él, ahora cómplice mío en el amor. En los primeros meses reconocí entre los tantos alumnos que me acompañaron, un ápice de valores que creí conocería mejor conforme pasará el tiempo. Así fue con muchos, con un joven de cabello lacio y ojos chinos en particular, al cual fui conociendo entre sus bromas carientes de gracia para mí, y las tareas que compartíamos en las que siempre divisé mucho esfuerzo por parte suya.

Admiraba mucho su disciplina para realizar cualquier tarea que se proponga, y su gusto por la lectura y el deporte, también tenía un afán por intentar hacer el bien a los demás que en ese tiempo se vio influenciado por la orientación política inculcada por un profesor. Sin embargo, fue su personalidad tan amable y jovial que me regalaba sonrisas siempre y su sinceridad las que terminaron haciendo que me enamore de él.

Al cabo del primer año, en el que sería nuestro último día de clases, me besó y el desconcierto y sensación de estar soñando que me invadieron aquella vez no desaparecen hasta hoy, casi 2 años después. La alegría que me regala aquel jovencito me hacen estar avergonzada de lo poco que le puedo ofrecer, pero la determinación por mejorar a su lado me atenúa.

jueves, 20 de agosto de 2020

 

CRONICA DE VIAJE

Por: Poll Yaulli Revilla

                                                Sueño inconcluso

 

Todos tenemos viajes planeados, sueños por cumplir, lugares que visitar y muchas ganas de explorar el mundo, pero existen tantas decepciones que te hacen dudar. Esta crónica es de mi viaje frustrado a Estados Unidos.

Este objetivo empezó en el año 2019, mes de junio. Me dijeron muchas cosas interesantes de viajar y trabajar en vacaciones allá, así que me arriesgue y empecé a juntar dinero. Hice todo tipo  de trabajo. En julio empecé como mozo en una picantería. No pagaban mal pero me ocupaba todo el día y no me quedaba tiempo para las clases de la Universidad y tuve que renunciar.

En Agosto limpiaba carros en una playa de estacionamiento. No pagaban mucho pero las propinas eran espectaculares. Todo iba bien hasta que un día regresando a mi hogar tuve un accidente. Un carro me atropelló y se fue a la fuga. No fue tan grave pero me dejó sin caminar por un buen tiempo. En ese momento se me vino el mundo abajo. Sentía que todo el esfuerzo que emplee se había ido al tacho. El viaje que tanto anhelaba, poco a poco se hacía más lejano.

A pesar de la mala racha que tuve. Aún me quedaban ganas de luchar. Empecé a hacer trabajos de universidades y algunas tareas que les dejaban a mis amigos. No era mucho pero aprovechaba mi tiempo en hacer cosas productivas. Para el mes de octubre estaba recuperado de la lesión y preparado para seguir trabajando. No quedaba mucho tiempo y aun me faltaba mucho dinero. Hasta que apareció una oportunidad única en la vida. Un trabajo muy bien remunerado. Con el dinero podría tener todo lo necesario para el preciado viaje. Trabajé muy duro un par de meses y cuando estaba a punto de lograrlo, me enfermé de pulmonía por los gases que emanaba la mina. No podía tener tan mala suerte. Finalmente me dí por vencido. No hubo viaje, aventuras ni sueños cumplidos. Fue algo doloroso pero me enseñó a levantarme y seguir con la vida, porque hay más sueños que cumplir.



CRONICA DE AMOR

Por: Poll Yaulli Revilla

 

AL OTRO LADO DE LA CIUDAD

 

No sé cómo empezar esta historia, es muy difícil para mí. Creo que empezaré desde que la conocí. Todo pasó en el año 2017, ese año particularmente, no era muy bueno para mí, era una época solitaria y triste, ella y yo, teníamos una amiga en común y eran compañeras en la católica, amigas casi inseparables, coincidimos en un bar una noche del mes de Julio, la pasamos muy bien, reímos y jugamos bastante, luego de eso, comenzamos a hablar mucho por Facebook. Era bien tranquila y tierna, con un mar de inseguridades y una autoestima rota por varios engaños. Pero aun así sus ojos reflejaban las ganas de amar.

 

Tuvimos citas muchas veces, y en todas, las horas pasaban muy rápido, sentíamos que faltaban tiempo para estar juntos y todo marchaba perfectamente. Hasta que llegó ese día, el momento donde tienes que ponerte los pantalones y decir lo que sientes, ya no había marcha atrás, era evidente que nos gustábamos. Era un miércoles de la última semana de Agosto. Fuimos a un parque y ese día me confesó todo. Me contó lo que sufrió y cuanto la lastimaron,  y en ese preciso instante, sentí que tenía que protegerla, otorgarle mucho amor. Era justo y necesario.

Nos besamos y ahí empezó la época más feliz de toda mi vida. La etapa más feliz de nuestras vidas, lo que ella y yo teníamos era inmensamente especial, recuerdo que le encantaba que fuera detallista y le dijera cosas graciosas, pero sobre todo, amaba que la haga reír pues no se enamoró de mi imperfecta figura física, obviamente.

Hasta ahora, 3 años después, es la mujer más importante para mí, nadie se imagina lo que me gustaba y de todo lo que tuve que pasar para que pudiéramos estar juntos. Algunas veces nos preguntamos cómo terminamos juntos, si yo no entraba  en  sus expectativas, y lo sabemos, no sé qué viste en mí, pero debió ser algo gracioso para que se enamorara. Yo la vi tal y como era, y así me encanta. Hoy las cosas son algo distintas, nos dejamos de ver por la culpa de la cuarentena, y sí, la extraño mucho, es obvio, uno siempre busca volver al lugar donde es feliz. Y yo sé que ella me extraña de la misma forma.

 

CRONICA DE CUARENTENA

Por: Poll Yaulli Revilla

                                               Caravana

La música trajo y traerá paz para muchas personas. Pasó antes y pasa ahora. La cuarentena afectó a mucha gente en diferentes ámbitos, en lo económico, salud y socialmente también. El estar encerrados tanto tiempo nos hace buscar formas de relajarnos, olvidarnos de las muertes y número de contagiados,  alejarnos de la mala vibra y alejarnos de la mala situación donde estamos todos involucrados, y la música ahí hace su entrada triunfal. No escuché a alguien que no le gustará la música. En mi barrio particularmente se convirtió en el deporte nacional. De un momento a otro, el pequeño barrio de La Aparecida, se transformó en una caravana de sonidos y rolas.

Antes que empezara la pandemia, los días domingos, era costumbre escuchar música a full volumen desde muy temprano, luego, se convirtió en pan de cada día. Todo comenzaba a las 7 am, Era un verdadero concierto alrededor de mi hogar. Las ventanas retumbaban y funcionaban como despertador, incluso me alejaba de ellas porque en cualquier momento podían explotar. Como primeras Djs tenemos a las amas de casa, a ellas no les afectó mucho la cuarentena, se levantaban hacer el desayuno para la familia y la música del recuerdo acompañaba su labor. José José, el Puma y Camilo Sesto son algunos cantantes que  daban los buenos días a mí y 50 casas 100 casas más. 

Las buenas tardes, en la hora de hacer el almuerzo, también eran amenizadas por estos caballeros bien vestidos y postura militar, muy elegantes dicho sea de paso. A las 11 am. Llegaba la música de moda, los más jóvenes del hogar, cantaban a toda voz las canciones de  Karol G, Maluma y J Balbin, verdaderamente todo un show,  hacían bailar  al barrio entero.

A la hora del almuerzo era infaltable la salsa, llegaba por auspicio de los hombres de la casa. Pedro navaja y Hector lavoe, ponían la cuota de azúcar del día. Finalmente por la noche me tocaba a mí. Yo no prendía los parlantes durante las mañanas o tardes porque tenía música gratis y variada desde todas las direcciones. Pero cuando terminaba el día llegaba yo, el señor de la noche. Empezaba con un poco de Corazón Serrano y clásicos como Agua Marina, algo suave, seguía con Rock peruano, Libido y Trémolo son mis preferidos. Para terminar me ponía romántico y así recordar porque ella ya no me quería. Camila y Sin Bandera eran idóneas para soltar una que otra lágrima. Así pasan mis días de reclusión en casa. La música, sea cual sea el momento, siempre me trajo paz, me saca del presente a un mundo solo mío, donde puedo estar solo y tranquilo.

 FIN

Crónicas de un marciano

 <<DETENIDO>>

Tema de la crónica: Viaje

Enero,2020.

7.10 a.m:

El carro en el que me encontraba, se dirigía a La Paz (Bolivia). De pronto, el moderno vehículo, empezó a disminuir su velocidad (de 100km/h pasó a 10 km/h y luego a 0 km/h).

—¿Qué sucede? –le pregunté a un pasajero sentado a mi lado derecho.

—Vamos a pasar por un puesto de control militar—me dijo. ¡Tranquilo! Solo nos revisarán nuestros documentos.

El puesto de control militar, era simplemente un cuartucho; corroído por los años que llevaba en desuso. Sus ventanas estaban rotas y las paredes se iban desmoronando poco a poco expulsando un polvo color gris que pululaba en la intemperie. Ese cuchitril sería el perfecto hogar para las ratas o las arañas.

Al frente del carro, un soldado colocó un cono de color naranja. Los pasajeros aprovecharon la breve interrupción del viaje para parlotear.

—Señor conductor, mi hija no trajo su cédula de identidad1—dijo una señora, que vestía una pollera variopinta y sobre la cabeza reposaba un sombrero de alas anchas; negruzco, ornamentado con un largo lazo de color crema. —Hay que mandarla al último asiento. ¡Y, esperar que Dios, evite que el muchachito abyecto que se acerca le pida sus documentos! —dijo el chofer. ¡Pero, aun así, tiene que avisar más antes, señora!

—Muchas gracias, señor chofer—farfulló la señora de pollera, que empezaba a acomodar a su hija, como si fuese un bulto, en la parte posterior del vehículo.

El día estaba nublado. Las nubes formaban figuras extrañas en el cielo boliviano. Seguí de manera desinteresada, el vuelo de una gaviota hasta que este hermoso ejemplar desapareció en el cielo, dejando a su paso un cielo enmarañado de nubes de algodón.

—¡Gelatinas!, ¡Refrescos! —empezaron a cantar en coro varias señoras de tez morena, que ofrecían sus productos <<homemade >>, alrededor del carro.

Un soldado con su arma de reglamento en mano, se acercaba al vehículo a paso de tortuga. Llevaba sobre su enorme cabezota un casco de color verde metálico. Sus ojos reflejaban la maldad que cundía en su interior.

1.- El documento de identidad, también conocido como cédula de identidad (CI), cédula de ciudadanía (CC), tarjeta de identidad (TI), tarjeta pasaporte (TP), registro civil (RC), cédula de extranjería (CE), carné de identidad (CI), documento nacional de identidad (DNI), documento único de identidad (DUI), identificación oficial o simplemente identificación (ID), dependiendo de las denominaciones utilizadas en cada país, es un documento público que contiene datos de identificación personal, emitido por un empleado público con autoridad competente para permitir la identificación personal e inequívoca de los ciudadanos.

Después de que el soldado revisó los documentos al chofer, dio media vuelta al carro y se detuvo un momento, para atisbar de manera profesional el carro; mismo mecánico buscando una falla.

—Tranquila, hijita, no va a pasar nada—dijo la señora de sombrero negro de alas anchas. Cuando lleguemos a la Paz, te llevo a comer helados, tranquila mi niña linda.

—Piensa que llevamos algo ilegal en nuestros equipajes (droga, ideas capitalistas...)—dije—para mis adentros. Detrás del carro, otro soldado hizo parar una camioneta roja. El soldado abrió la puerta con mucha furia. Tenía la piel tostada por el sol y una nariz en la que tranquilamente cualquier pajarraco hacia su nido.

—Buenos días, señores pasajeros—dijo con voz solemne. ¡Rápidamente, todos me van a mostrar sus documentos!

Busque en los bolsillos de mi pantalón color caqui. Después de unos segundos que parecían horas, encontré mi DNI y mi TAM2. A mi flanco izquierdo aparecía el lago Titicaca; grande y de una belleza inconmensurable. Varios botecitos inertes flotaban sobre sus aguas.

—¡A ver, usted, sus documentos! —dijo el soldado. Su voz gastada y estentórea, causaba pavor. La mirada pétrea reflejaba esa maldad intrínseca, propia del ser humano que solo nació para hacer maldades. Me exasperaba la forma tan diligente con la que revisaba mis documentos. Sus ojos describían órbitas elipsoidales. Movimientos visuales de derecha a izquierda y viceversa. Movimientos visuales con esos ojos ruines de arriba abajo y viceversa.

—¡Ya ha transcurrido demasiado tiempo! ¡Enciende el motor, arranca el carro, chofer, si no, no te voy a pagar! —amenazó un señor obeso, sentado en la parte de atrás.

El soldado esbozó una sonrisa. —¡Usted, el de polera roja! ¡Baje inmediatamente del vehículo, pero antes pague el pasaje completo al chofer y traiga su equipaje! —murmuró el soldado.

Me sentí alelado. Entumecido. Estupefacto. Anonadado. Humillado. Estúpido. De manera sumisa, me resigne a cumplir las órdenes del esbirro, que disfrutaba la escena y me observaba con su cara de diablo.

Al bajar de la unidad, el viento rozó mi cuerpo con mucha fuerza. Era un viento maldito. Los pasajeros tenían la mirada fija sobre mi rostro. Me atisbaban con pena, como si me fueran a llevar a la guillotina o al patíbulo. 

2.- La Tarjeta Andina de Migraciones (TAM) es un documento que se le entregará al ingresar a cualquier país de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) como Perú. Se trata de un documento de control migratorio de uso obligatorio. Permite el ingreso y salida de los territorios de Perú, así como Colombia, Ecuador y Bolivia.

 

Mientras le pagaba el pasaje completo al chofer, pese a que ni siquiera recorrimos la mitad del trayecto—le pregunté: ¿Por qué me han “detenido”? —él respondió—Seguro que tus documentos no están en regla. ¡Flaco! Te recomiendo una cosa, no te pongas bravo con los milicos.

El gendarme del Estado boliviano me llegaba a la altura del hombro. Dentro del carro, me había imaginado a un soldado: gallardo, alto y macizo. Pero, como siempre, la realidad se había encargado de sacarme del mundo ficticio de las películas yanquis, que con gran estulticia miraba desde que era un párvulo, y que me ofrecían un paradigma, siempre muy distinto a la realidad.

Era un liliputiense. Más delgado que la rama de un árbol. Pero con una voz que expulsaba truenos y que infundía autoridad.

—¡Sígueme, << perucho>>!

—¿Por qué me falta el respeto?, ¿Qué le pasa?

El soldado no se dio la molestia de responder mis incógnitas. Con una señal, elaborada con sus manos maltratadas por las inclemencias del clima, me indicó que lo siguiera.

La carretera lucía abandonada. Solitaria. Lúgubre. Los cerros; medianos e indómitos, me observaban como a un bicho raro. Y, ahí comprendí cuánto iba a extrañar mi libertad.

FIN

 

 

 

 

 

 

 



 ¡Te extraño!

Tipo de crónica: Amor

Mayo,2018 – Agosto,2018

¡Que bella! ¡Es un ángel! Siempre  ataviada con un vestido de lino color rosa. Me dejaba vahído. Caminaba con brío. Rosa era mi panacea.  A su costado todos los problemas se alejaban, me curaba de todas mis dolencias,en especial las del corazón. Sus labios de fresa, me encantaban. Sus ojos eran dos luceros, que guiaban mi vida. Tenía un cabello bruñido de color negro. Nos gustaba sentarnos bajo la pérgola de la plaza Umachiri y observar el bello celaje del atardecer.  Me encantaba ornamentar sus cabellos con campanulas. Siempre tenía el apremio por hacerla feliz. Era el centinela de su corazón.

Estaba completamente pirrado de Rosa. Tenía el canguelo de que algún día, ella se alejara de mi vida.  Tengo que confesarlo en estas líneas, había cometido un latrocinio. Había robado su corazón. Ella no se daba cuenta. Nuestras chácharas, sentados en el parque eran de lo más divertidas.  ¡Este macanudo amor, llenaba de felicidad mi vida! Nuestro adagio favorito era: <<Juntos por siempre>>.  Nos encantaba ir al puente Chilina; la hermosa vista permitía apreciar la belleza recóndita de la ciudad. Apoyados en el parapeto veíamos el hermoso paraje de color verde que aparecía ante nuestros ojos.

Los minutos a su lado, fueron los momentos más portentosos de mi perecedera vida. Pasaba largas horas sentado bajo la luna llena, intentando escribir un poema para que la dueña de mi corazón, al leerlos comprendiera lo importante que era en mi vida. Nunca logré que las palabras encontrasen la sintaxis correcta, tampoco encontré las palabras idóneas para mí composición literaria, desistí del proyecto que traía en mente. No escribir ese poema me llevó a una depresión severa. Mi vida se convirtió en un babel. 

Termine el noviazgo con Rosa el 18 de agosto de 2018. Una relación sólida, construida sobre los más puros sentimientos del ser humano: amor, honestidad y respeto. Rápidamente nuestro amor se desmoronaba. Hoy solo quedan retazos de ese amor de invierno.

Ahora dos años después sigo intentando redactar ese maldito poema. Aquí va un avance del poema:

Rosa te extraño...

Fin





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 







Tema: CRÓNICA DE LA CUARENTENA.

 

MEMORIAS DE CUARENTENA

Introducción:

El 31 de diciembre de 2019, gran parte del mundo se enteró de la presencia de un nuevo virus. Este mefítico ser hizo su estruendosa aparición en Wuhan (China).

Desde el inicio de la humanidad, los seres humanos hemos asignado un nombre para todo lo que nos rodea. Este atípico microorganismo necesitaba un nombre. "Tenemos un nombre para la nueva enfermedad: es covid-19", dijo el director de la OMS, Tedros Adhanom. Varias personas anónimas, también querían darle un nombre al nuevo virus, decidieron denominaron: “Gripe china”.

Hoy para muchos (6/08/2020) la nueva enfermedad significa: soledad, pobreza, vacaciones, corrupción, aburrimiento, pérdida de trabajo, oportunidades......etc.

Cuánto quisiéramos tener entre nosotros al doctor Bernard Reiux para que invente la vacuna y después de tantos estragos causados por este intruso, podamos volver a ser felices, aunque claro antes de la llegada de esta plaga muchos no lo eran.

 

 

 

 

                                                        Cuando te conocí...

<<La vida te da sorpresas. Sorpresas te da la vida, hay Dios…>> sonaba la clásica canción de Ruben Blades en el radiorreceptor. Las mañanas en Ironcollo(Cochabamba)son calurosas. El sol se encarga de tostar tu piel y hacer del día una modorra. Esperar que del cielo llegue una brisa fresca, es un proceso tedioso y hasta estúpido. Hay una magia ignota en este lugar, que me atrae y me gusta. El cemento, aún no llega a dominar este hermoso paraje. La naturaleza vive en su libre albedrío. Crece indómita. Mientras que en la ciudad lo anormal es ver árboles crecer libremente entre tantos edificios, aquí lo raro es ver a personas construyendo casas entre tanta vegetación.

La mayoría de las casas son de una construcción muy rústica, las tapias no sobrepasan los 1.50 metros de altura.  Las calles son de tierra, excepto la vía principal que conecta todas las urbanizaciones con la plaza Bolívar.

Me senté sobre la tarima; extenuado. Para distraerme, cogí el periódico Opinión que estaba sobre la mesa a lado de una jarra. Leía rápidamente los fragmentos de las noticias más importantes del día. Escrito en una nota corta en la sección “Curiosidades” del periódico decía: Descubrieron nuevo virus en China, cuando leí la nota era 7 de enero de 2020. Y ahí te conocí maldito....... coronavirus.

 

El “intruso” llegó en avión a América Latina

El 26 de febrero de 2020 en São Paulo (Brasil) se confirmó el primer caso positivo por covid-19. Se trataba de un varón de 61 años que viajó en avión desde Italia hasta Brasil.

La llegada del coronavirus a Perú

El 6 de marzo de 2020, el presidente de la Republica Martin Vizcarra, lamentablemente, en conferencia de prensa, declaró: “Hoy debo informar que en horas de la madrugada se ha confirmado el primer caso de infección por coronavirus (COVID-19) en nuestro país, en un paciente varón de 25 años con antecedentes de haber estado en España, Francia y República Checa".

A través de la <<caja boba>> veía los aciagos y lúgubres momentos que pasaban los países europeos por culpa de esta nueva plaga. Italia y España se habían convertido en el epicentro mundial de la pandemia.

—¿Crees que ocurra lo mismo, aquí? —le pregunté tontamente a mi papá.

—Claro que va a pasar lo mismo, solo que será peor—me respondió papá con la voz hecha pedazos. Quizás pierda mi trabajo, Maycol (el tiempo le dio la razón).

¿Qué es el Estado de Emergencia?

El 15 de marzo de 2020, en un mensaje histórico a la nación el presidente de la República Martin Vizcarra, declaró el estado de emergencia nacional por 15 días para evitar la propagación del covid-19. También anunció una serie de medidas extraordinarias, empezando por el aislamiento social obligatorio a nivel nacional.

Después de escuchar el mensaje, un júbilo interno cundía en mi ser; me imaginaba la postergación de las clases de la universidad, me veía disfrutando esos quince largos días recostado en el diván de la sala haciendo naderías. De pronto una pregunta, me sacó de mi viaje futurista.

—¿Qué es el estado de emergencia? —preguntó mi hermano.

—Es un régimen de excepción que el gobierno dicta en situaciones excepcionales, como la que atravesamos, en el cual se suspenden ciertos derechos que todos tenemos como ciudadanos—le explique.

—¡Ahh!, ¡Era eso! —me respondió. Abrió su boca y soltó un largo bostezo.

Después de esta breve interrupción seguí fantaseando con los días ulteriores.

 

Familia unida

25/03/2020

El aislamiento social obligatorio, me permitió conocer mejor a mis progenitores. Los primeros días fueron estrambóticos. Un hombre de un metro, sesenta y cinco de altura empezó a habitar la casa. Con una barriga extravagante que amenazaba con explotar como una bomba molotov. Tenía un bigote que parecía un rastrillo. Su sonrisa mostraba unos dientes blancos y bien cuidados. Ese hombre, era mi papá. Hasta esa fecha, eran pocas las veces en las que veía al ser que me dio la vida dentro de la casa. Al comienzo del aislamiento las conversaciones no pasaban de monosílabos. Después de una semana y gracias a los “juegos de mesa” empezamos a congraciar.

Con mi progenitora la relación siempre marchaba bien. Los 15 días sirvieron para comprender la importancia de la limpieza y entendí porque “mi viejita” renegaba cuando no lavaba los platos o cuando no jalaba la cadena del baño.

 Mi hermano nos dio una gran noticia, cuando durante la cena familiar, anunció que: al ver a la familia tan unida, algo dentro de él había cambiado y que, ese nuevo cambio le inspiró para querer postular a la universidad (cosa que nunca estuvo dentro de sus planes a futuro). Papá, mamá y yo pensábamos que era una gracejada; elaborada con la intención de conseguir algo a cambio. Pero no fue así, al día siguiente lo veíamos estudiar y así continúa hasta la actualidad.

Papá, pierde el trabajo

20/05/2020

 

Es triste tener que escribir esto. Pero, mi papá perdió su trabajo, fue despedido como miles de trabajadores en el Perú. La barba invadía su rostro, había perdido peso y el brillo de sus ojos había desaparecido. Estaba desahuciado. Entraba en una etapa de depresión severa. Las discusiones entre mi papá y mi mamá empezaron a ser cotidianas. La bonhomía con la cual nos trataba desapareció súbitamente. Se convirtió en un ser cáustico y parco.

—Voy a viajar a Cusco—me dijo—me ofrecieron trabajo como ayudante de chacra. Te quedas a cargo de todo. Tienes que estudiar hijo, si no, acabarás como yo.

Esas palabras hicieron eco en mi mente, sabía que mi papá no había acabado de estudiar su carrera técnica, porque no tuvo dinero suficiente para pagar las mensualidades del instituto. Entonces al no tener una fuente de ingresos, dejó el estudio y empezó a trabajar. Consiguió empleos temporales, mal remunerados. Cuando se enteró que sus papás fallecieron en un accidente de tránsito, mientras se dirigían a su ciudad natal Quillabamba (Cusco), su vida empezó a ir en desmedro. Dejo el mandil blanco; uniforme de trabajo, que usaba para trabajar en la carnicería. Lo cambió por una chaqueta de cuero negra y empezó a frecuentar los bulines y los bares de la ciudad.

Cuenta la leyenda, que mi mamá, una lúgubre noche vio a un hombre agonizando en el escaño de un parque; ubicado cerca del centro de la ciudad. El pobre hombre era mi papá. Había ingerido licor durante 3 días seguidos. Mi mamá decidió ayudarlo llevándolo al hospital. —Si no lo llevaba, se moría de hipotermia—me contó mi madre, una noche en la que esperábamos ansiosos los resultados de la página web del Estado peruano para saber si éramos acreedores al bono de 380 soles, que el gobierno otorgaba a las personas de escasos recursos. Cuando la página arrojó los resultados, nos llevamos una gran desilusión; no estábamos dentro de la lista para cobrar el bono.

Muerte de un amigo

22/07/2020

La situación es harto complicada. Los vericuetos mentales por los que paso, me dan cuenta de la extrañísima situación en la que me encuentro.  Pero, la vida continua. Van pasando los dias, las horas, los minutos, los segundos, la gente, los carros, las nubes, en fin, todo lo que tenga energía. Y yo también paso frente a esos dias, frente a esos segundos, frente a esos minutos, frente a esa gente, frente a esos carros, frente a esas nubes. ¡Yo no sé, qué energía mueve mi ser!

Empieza un día más de este aislamiento social obligatorio: caótico, inusitado; que me hace añorar momentos antes poco valorados; hablar con amigos, salir a pasear con la familia. Miro al costado de mi cama; la misma pared con esa horrible mancha oscura, y al otro lado está la ventana que me permite ver el cielo límpido; veo una paloma pasar a gran rapidez, me sorprende. ¿Cuándo acabará este encierro? Me pregunto. Cavilo un poco, por mi mente pasan muchas cosas, trato de no pensar en la muerte de mi amigo Lucho, pero es algo ineluctable.

La muerte de mi gran amigo, ha provocado que de mis ojos broten unas tenues lagrimas sinuosas, estas se deslizan suavemente por mis carrillos, hasta que súbitamente caen al suelo. Lagrimas con sabor a desgracia. Lucho fue mi amigo. Mi jefe. Mi causa. Mi yunta. <<Un segundo padre>> . Lucho trabajaba como recepcionista en un hotel, además, era dueño de una local de videojuegos. Su novia Maruja había fallecido en un accidente de transito, lo que le dejo una acibar en el pecho. 

Fue la primera persona que me dio la oportunidad de trabajar. Aún recuerdo como conocí a Lucho y ese recuerdo, se convierte poco a poco en una pena inconmensurable. 

—Nos vemos debajo del puente del Avelino Cáceres, a la 1.00 p.m. —me dijo por teléfono Lucho.

Yo había conseguido ese trabajo buscando en los avisos del diario “El Pueblo”. En el anuncio  decía: <<Busco joven, entre 18-25 años, para Internet, interesados llamar 666........>>

Nos encontramos debajo del puente del Avelino Cáceres, tal y como me dijo, el desconocido del teléfono. Él era de mi talla, jorobado, con la piel curtida y de cabello corto.

—¿Quieres trabajar? —me dijo.

—Buenos días, si quiero trabajar—le dije.

El me miro de arriba hacia abajo, hizo una mueca estrafalaria y con voz solemne me pidió que lo acompañara. Caminamos por los recovecos del mercado Avelino Cáceres, yo jamás en mi vida había transitado por esos lares. Quedé absorto, porque descubrí un nuevo mundo, dentro de un sitio que yo creía conocer a la perfección. Las mercancías de los comerciantes estaban desparramadas por el suelo.

A mi alrededor surgían farmacias, hostales, puestos de comida. Después de pasar por un callejón, cuyo piso era de tierra. Gire a la derecha y ahí atisbe un pequeño cuarto lleno de computadoras, ese local ,se convertiría en mi centro laboral durante los días ulteriores.

Y, así inicie mi primer trabajo.Luego de un arduo mes de trabajo, fui ascendido(ironía). Me mandaron al local de videojuegos, ubicado en la Feria del Altiplano. Gracias a Lucho, comprendí la importancia del trabajo. Me dio los mejores consejos para triunfar en la vida. Aplique sus recomendaciones con mucha anuencia. Fue como mi <<segundo padre>>. Es una pena que este maldito virus le haya causado la muerte.

Lucho (mi jefe) siempre venia al local de videojuegos para revisar las maquinas. El local era pequeño, estaba ubicado al fondo del pasillo de una galería, que estaba frente a la Feria del Altiplano. Lucho siempre estaba preocupado por una posible intervención policial, tenía miedo de que hagan un operativo y le decomisaran las máquinas, sobre todo los <<tragamonedas>>, que según me decía eran carísimas. En nuestras chácharas ,siempre notaba en sus palabras, la aflicción que deja la partida de un ser querido.

—Veo parejas de enamorados entrando al hostal—me decía Lucho—los veo felices, los veo besarse, abrazarse, quererse. Ellos cuando me ven, si es que lo hacen, seguro notan mi soledad, mi aspecto lúgubre y corroído por experiencias penosas, nada gratas y sobre todo lamentables. ¡Extraño a Maruja!

—Debe ser complicado —respondía, intentando ser empático.

¡ADIÓS LUCHO!

 

Mamá la comida está rancia

24/07/2020

—Mamá, ¡La comida está rancia! —grite.

—¡Y que quieres que haga!, ¡Dame dinero, para que cocine algo mejor!, ¡Idiota! —respondió enfurecida.

El comentario sobre la comida había sido hiriente. Los fideos seguían flotando sobre la sopa, que expulsaba un vapor delicuescente. Pero, no solo la maldita sopa, estaba rancia. ¡Todo estaba rancio!

Desde que papá perdió el empleo las cosas han perdido su color, su brillo, su belleza. ¡Nada está bien!

Pero, sabía que mi comentario provenía de un ser egoísta. Solo pensaba en mi bienestar. ¿Y, qué hay de mi madre? Yo sabía que la pasaba mal. Ella sacaba los alimentos de una bolsa vacía, de la misma forma en la que un mago saca conejos de un sombrero vacío. Ella seguía esbozando sonrisas, pese a que mi papá, ni siquiera, manda un maldito céntimo.

Monotonía

Abro los ojos, a mi alrededor solo hay objetos borrosos. No quiero levantarme.¿Para que hacerlo? Una suave brisa entra por el resquicio de la puerta, me hace titiritar de frió.

Cierro mis ojos, en mi mente solo hay oscuridad y en mi corazón; llagas que quizás el tiempo pueda curar.  Vuelvo a abrir mis ojos, esta vez los objetos adquieren nitidez. Se, que es momento de dejar esa excelsa vida que transcurre por mis sueños para pasar a una existencia monótona y plana. Sacudo tenuemente mi cabeza de derecha a izquierda. En mi mente sucede toda una revolución. Ese cambio es el encargado de darme energía necesaria para hacer la rutina habitual. Los seres humanos somos energía. Somos luz.

Una incógnita invade mis pensamientos: ¿Será el mundo ancho y ajeno?

3D

Cuando recorrí las cortinas, la escena que vi a través de la ventana, me dejó atónito. En la acera de enfrente, un hombre tirado sobre el suelo, languidecía. Con el brazo derecho se daba ligeros golpecitos en el pecho, mientras que con el brazo izquierdo intentaba aferrarse a algo… quizás a la vida. Súbitamente un montón de cabezas empezaron a aparecer, ya sea en las terrazas de las casas o a través de las ventanas. Éramos cómplices del asesino invisible(covid-19). 

Puse la mano sobre mi frente y suspiré. El silencio de la casa, me perturbaba. No sabía exactamente en qué forma podía coadyuvar a aquel hombre. Minutos después, el hombre dejó de contornear su cuerpo y se convirtió en una estatua de piedra, falleció. 

El occiso permaneció en la acera como parte del paisaje. Luego de 5 horas, un grupo de hombres con trajes blancos; parecidos al uniforme de los astronautas, y de aspecto tétrico, lo subieron a una camioneta y se lo llevaron. 

 

Actualidad

06/08/2020

Han pasado más de 100 días desde el inicio del estado de emergencia, las cosas no han mejorado. Las 4 paredes de mi cuarto son testigos de mi sufrimiento. He dejado de decir sandeces al momento de comer. Ahora sueño junto a mi madre con un futuro mejor y comprendo su situación y es por esa razón que le doy mi apoyo.

Mi ciudad natal, Arequipa, reporta más de mil casos positivos de covid-19 por día, los hospitales colapsaron. Muchos pacientes esperan por una cama UCI, a las afueras del Hospital Honorio Delgado.

Hay una incesante suma de contagios diarios en Arequipa, la falta de camas UCI y los balones de oxígeno no son asequibles para todos y encima hay una carestía de los mismos. Las infraestructuras de hospitales: precarias y arcaicas, colapsaron. La corrupción dentro del gobierno es el pan de cada día. Las personas fenecen en las calles. El personal de salud es escaso y trabaja en condiciones paupérrimas y exponiendo su salud. Estos son muchos de los muchos problemas por los cuales atraviesa mi querida ciudad blanca, mi querido país, y el mundo entero.

Todas las tardes mi mamá y yo nos sentamos en el diván de la sala esperando una llamada de mi padre.

—No debe haber señal por esas chacras, donde tu padre fue a trabajar—dice mi madre—por eso no llama tu papá.

—Si, eso debe ser mamá...

FIN